Normas del buen hablante y del buen oyente

Normas del buen hablante y del buen oyente

En qué se parecen el hablante y el oyente

En el mundo actual de alta tecnología, velocidad y estrés, la comunicación es más importante que nunca, pero parece que cada vez dedicamos menos tiempo a escucharnos de verdad. Escuchar de verdad se ha convertido en un regalo raro: el regalo del tiempo. Ayuda a establecer relaciones, a resolver problemas, a garantizar la comprensión, a resolver conflictos y a mejorar la precisión. En el trabajo, la escucha efectiva significa menos errores y menos pérdida de tiempo. En casa, ayuda a desarrollar niños ingeniosos y autosuficientes que pueden resolver sus propios problemas. Escuchar hace crecer las amistades y las carreras. Ahorra dinero y ayuda a los matrimonios.

Hablar con alguien mientras escanea la habitación, estudia la pantalla del ordenador o mira por la ventana es como intentar dar a un blanco en movimiento. ¿Qué parte de la atención dividida de la persona se obtiene realmente? ¿El cincuenta por ciento? ¿El cinco por ciento? Si la persona fuera tu hijo, podrías exigirle: «Mírame cuando te hablo», pero eso no es lo que le decimos a un amante, amigo o colega.

En la mayoría de las culturas occidentales, el contacto visual se considera un ingrediente básico de la comunicación eficaz. Cuando hablamos, nos miramos a los ojos. Eso no significa que no se pueda mantener una conversación desde el otro lado de la habitación, o desde otra habitación, pero si la conversación se prolonga durante algún tiempo, usted (o la otra persona) se levantará y se moverá. El deseo de mejorar la comunicación os une.

Ser un buen oyente es más importante que ser un buen orador

¿Qué hace a un buen oyente? La mayoría de la gente cree que se reduce a tres componentes: no interrumpir al orador, seguirle la corriente con expresiones faciales y ser capaz de repetir casi al pie de la letra lo que el orador acaba de decir. Sin embargo, según las investigaciones de Zenger y Folkman, lo hacemos todo mal. En lugar de pensar en un buen oyente como una esponja -que absorbe todo pero proporciona poca retroalimentación-, hay que pensar en un oyente experto como un trampolín que amplifica y apoya los pensamientos del orador proporcionándole una retroalimentación constructiva. Participar en una conversación bidireccional es esencial, según los datos, y Zenger y Folkman definen seis niveles de escucha, todos ellos destinados a ayudar a los oyentes a desarrollar esta habilidad.

Lo más probable es que usted crea que es un buen oyente.    La valoración de la gente sobre su capacidad de escucha es muy parecida a la valoración de su capacidad de conducción, ya que la mayoría de los adultos piensan que están por encima de la media.

De hecho, muchos de los consejos de gestión sobre la escucha sugieren hacer estas mismas cosas: animar a los oyentes a permanecer en silencio, asentir con la cabeza y «mm-hmm» de forma alentadora, y luego repetir al interlocutor algo como: «Entonces, déjame asegurarme de que entiendo. Lo que estás diciendo es…». Sin embargo, una investigación reciente que hemos llevado a cabo sugiere que estos comportamientos están muy lejos de describir las buenas habilidades de escucha.

Para ser un buen orador hay que ser primero un buen oyente

La fuente más común de mensajes confusos es el pensamiento confuso. Tenemos una idea que no hemos pensado bien. O tenemos tantas cosas que queremos decir que no podemos hacerlo. O tenemos una opinión tan fuerte que no podemos contenerla. El resultado es que estamos mal preparados cuando hablamos y confundimos a todo el mundo. La primera regla para hablar claro es, pues, pensar antes de decir nada. Organiza tus pensamientos.

Cada uno de nosotros tiene una personalidad -una mezcla de rasgos, patrones de pensamiento y gestos- que puede ayudarnos a comunicarnos con claridad. Para lograr la máxima claridad, sé natural y deja que tu verdadero yo se manifieste. Serás más convincente y te sentirás mucho más cómodo.

Si te acercas a un cruce de ferrocarril en una curva ciega, puedes enviar un mensaje con el claxon de tu coche. Pero esa no es la parte más importante de tu tarea de comunicación. La comunicación que cuenta tiene lugar cuando te paras, miras y escuchas, una advertencia útil también para la conversación.

Escuchar, al igual que hablar y escribir, requiere interés y atención genuinos. Si no te concentras en escuchar, no aprenderás mucho y no recordarás mucho de lo que aprendas. La mayoría de nosotros retenemos sólo el 25% de lo que oímos, así que si puedes aumentar tu retención y tu comprensión, puedes aumentar tu eficacia.

Buen oyente frente a buen orador

El problema más común en la comunicación es no escuchar. A continuación se muestra un símbolo chino para «Escuchar».    Es una sabiduría más allá del arte. El lado izquierdo del símbolo representa una oreja. El lado derecho representa al individuo: tú. Los ojos y la atención indivisa son los siguientes y, por último, está el corazón.

Este símbolo nos dice que para escuchar debemos utilizar ambos oídos, observar y mantener el contacto visual, prestar una atención indivisa y, por último, ser empáticos.    La escucha activa es una habilidad que se enseña a profesores y policías, consejeros, ministros, rabinos y sacerdotes. Es una habilidad que todos mejoraríamos si la aprendiéramos y practicáramos. Para empezar a ser un oyente activo debemos entender primero las cuatro reglas de la escucha activa.

1. 1. Buscar comprender antes de buscar ser comprendido. Cuando buscamos comprender antes que ser comprendidos, nuestro modus operandi será escuchar. A menudo, cuando entramos en una conversación, nuestro objetivo es que nos comprendan mejor. Podemos ser mejor comprendidos, si primero comprendemos mejor. Con la edad, la madurez y la experiencia llega el silencio. La mayoría de las veces es una persona sabia la que dice poco o nada al principio de una conversación o experiencia de escucha. Hay que recordar que hay que recoger información antes de difundirla. Tenemos que saber

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