Hoy vas a conquistar el cielo sin mirar lo alto que queda del suelo

Hoy vas a conquistar el cielo sin mirar lo alto que queda del suelo

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Pero es nuestra propia limitación humana la que colorea nuestras mentes. Vivimos en una escala de tiempo mucho más corta que las estrellas. Pero las hemos estudiado, hemos aprendido sobre ellas, y ahora tenemos un gran conocimiento de ellas. Las estrellas son muy parecidas a nosotros, de hecho: nacen, viven durante un tiempo y mueren. Algunas se desvanecen, otras explotan, pero al final, como nosotros, son mortales.

Es una constatación moderna. Y también ha dado lugar a una fábula moderna, que he visto aquí y allá, generalmente propagada a través de las redes sociales. Contada como un cuento de moralidad, para darnos un sentido de perspectiva, afirma lo siguiente:

En realidad no es muy difícil de entender. La primera afirmación es realmente correcta; cuando miras las estrellas las estás viendo como eran antes. La luz viaja rápidamente -por lo que sabemos, es lo más rápido del Universo- pero no es infinitamente rápida. A 300.000 kilómetros por segundo (186.000 millas por segundo), la luz tarda más de ocho minutos en llegar desde la estrella más cercana a la Tierra; puedes pensar que estás viendo el Sol como era hace ocho minutos. La estrella conocida más cercana al Sol es el sistema estelar triple de Alfa Centauri, y la luz tarda más de cuatro años en llegar desde allí hasta aquí.

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Nuestros sentidos nos sugieren que la Tierra es el centro del universo, el eje alrededor del cual giran los cielos. Esta visión geocéntrica (centrada en la Tierra) era lo que casi todo el mundo creía hasta el Renacimiento europeo. Después de todo, es simple, lógica y aparentemente evidente. Además, la perspectiva geocéntrica reforzaba los sistemas filosóficos y religiosos que enseñaban el papel único del ser humano como foco central del cosmos. Sin embargo, la visión geocéntrica resulta ser errónea. Uno de los grandes temas de nuestra historia intelectual es el derrocamiento de la perspectiva geocéntrica. Veamos, pues, los pasos por los que se revalorizó el lugar de nuestro mundo en el orden cósmico.

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Las estrellas más grandes se conocen como «supergigantes rojas». La estrella Betelgeuse (que se encuentra en la constelación de Orión) es una de ellas. Si pusiéramos a Betelgeuse en el centro de nuestro sistema solar, ¡se llenaría hasta alcanzar aproximadamente la órbita de Júpiter! Las supergigantes rojas son unas 400 veces más grandes que nuestro sol. Eso supondría unos 300 millones de millas de ancho, lo que supone más de tres veces la distancia entre la Tierra y el Sol. Si el Sol fuera una supergigante roja, se tragaría a Mercurio, Venus, la Tierra, Marte y algunos asteroides.

En realidad, Betelgeuse es más fría que nuestro sol. La temperatura de la superficie del Sol es de unos 5.800° Kelvin (unos 10.000° Fahrenheit), y Betelgeuse tiene aproximadamente la mitad, unos 3.000° Kelvin (unos 5.000° Fahrenheit). Por eso es roja: las estrellas rojas son más frías que el Sol y las azules y blancas son más calientes.

Sin embargo, Betelgeuse es mucho más grande y brillante. Es unas 500 veces mayor que nuestro sol. Si pusiéramos a Betelgeuse en nuestro sistema solar, ¡se tragaría a Mercurio, Venus, la Tierra y Marte! También es unas 10.000 veces más brillante que nuestro sol (porque una estrella más grande es más brillante).

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Encontrar planetas en el cielo nocturno es una habilidad gratificante que te permite tener un conocimiento más profundo del universo, ¡si sabes lo que estás buscando! Dado que el cielo nocturno es un espectáculo siempre cambiante, tendrás que aprender a distinguir los planetas de los que no lo son cuando mires hacia arriba. Lo que veas también dependerá del lugar de la Tierra en el que te encuentres, de la época del año o de la noche en la que observes y de si utilizas sólo tus ojos o un instrumento especial para ver. Con todo esto en mente, la próxima vez que mires al cielo nocturno, ¡puedes ser capaz de distinguir otro planeta!

Resumen del artículoPara encontrar planetas en el cielo nocturno, primero aléjate de las luces de la ciudad cercana para que sea más fácil ver las luces en el cielo. A continuación, empieza a buscar las luces más brillantes del cielo, ya que éstas suelen ser planetas. Presta atención al color de la luz que ves para ayudarte a identificar los diferentes planetas. Por ejemplo, si ves una luz blanca brillante, probablemente estés viendo a Júpiter, pero si es plateada, podría ser Venus. Además, puedes averiguar cuándo debes buscar un planeta en particular buscando el período de aparición de ese planeta en un catálogo de astronomía. Para aprender a mirar a la parte correcta del cielo para encontrar Mercurio, Marte y Júpiter, sigue leyendo.

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